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¿Eres amante verde en San Valentín?

Se supone que San Valentín es el día más romántico del año, si bien a la vez de romántico también puede ser una jornada verde. Encontrar las opciones disponibles para mostrar el amor a tu pareja es más fácil de lo que pueda pensarse. Sólo hay que echarle un poquito de cariño, que es precisamente de lo que se trata.

Las rosas suelen ser una de las primeras ideas para regalar, no en vano cada año el 14 de febrero se comercializan globalmente 55 millones de estas flores. Pero sólo el cultivo de 12.000 rosales en Holanda genera 35.000 Kg. de CO2, con lo que una planta viva en una maceta se convierte en alternativa más sostenible. Y si lo tuyo es la creatividad, con cinta adhesiva de tela se pueden preparar unas originales y personales rosas.

Los bombones son también una posibilidad tentadora cuando se trata de regalar a una persona golosa. Sólo cabría recordar que en la elaboración del chocolate casi el 66% de las emisiones de CO2 proviene de la producción de leche. El chocolate de comercio justo y ecológico, libre de pesticidas, es el más respetuoso con el entorno y la salud y también dispone de versiones románticas.

Para algunos tampoco puede faltar la tarjeta en el día de los enamorados, si bien habría que apuntar que la industria papelera contribuye con un 10%  a las emisiones globales de dióxido de carbono. Producir papel requiere madera y gran cantidad de energía, agua y productos químicos. El reciclaje de este material tiene un límite corto y cuando se descompone en el vertedero genera gas metano, otro de los importantes gases invernadero. Por eso, aquí Internet viene a desempeñar una de las alternativa más ecológicas con las e-tarjetas, ya que sólo requieren un par de minutos de energía y no implican deforestación. Si bien más limpio aún sería reutilizar revistas o un trozo de madera para crear tu propia tarjeta.

En el caso de regalar vino, lo más óptimo sería un vino ecológico, con tapón de corcho y reciclar después la botella. Actualmente la transición hacia los tapones de plástico para vinos y cavas está llevando al declive del corcho y, con él, de la gestión de los bosques de roble de donde se extrae y que a su  vez son el hábitat del lince ibérico en peligro de extinción. También existen marcas de caldos con emisión neutra de CO2.

Una cena fuera suele ser la salida más típica en San Valentín. Los bares y restaurantes generan al año millones de toneladas en desperdicios. Tú y tu pareja podéis daros un capricho sin dañar al planeta optando por aquellos establecimientos a los que se pueda ir caminando o en transporte público, que tengan un sistema de energía más eficiente y que utilicen productos ecológicos locales.

Estos también pueden adquirirse para preparar una comida romántica en casa que puede estar iluminada por velas de cera de abeja en vez de bombillas.

Y si la preferencia es una escapadita de fin de semana, todo lo anterior puede aplicarse. Cada vez hay más casas rurales que se preocupan del entorno y utilizan en la cocina productos de su zona.

Las joyas también son regalos muy apreciados, si bien cada mina de oro del mundo genera 150.000 toneladas anuales de dióxido de carbono y extiende por el aire arsénico y mercurio, sin olvidar la explotación humana que se produce en este sector. Un anillo de oro implica la generación de 18 toneladas de residuos y el uso de 5 toneladas de agua. Por su parte, la industria de las gemas se apoya en gran medida en el trabajo infantil, mientras que el comercio de diamantes conlleva conflictos y sangre. Sin embargo, también existe en el mercado el oro extraído de forma ética, así como la alternativa de las piedras semipreciosas y otro tipo de metales que pueden ser recuperados de nuestros cajones para crear  bonitas piezas de joyería.

Productos de belleza y cuidado corporal. Cuando no ostentan el sello de certificación ecológica, ya se sabe que estos productos suelen contener numerosos compuestos tóxicos para la salud y el medio ambiente, sin olvidar las pruebas en animales. Pero además, numerosos productos de tocador incluyen entre sus ingredientes el aceite de palma, cuya industria está acabando cada año con cerca de 3 millones de hectáreas de bosques. Ética y estética nunca han estado menos reñidas. Sólo hay que buscar la mejor opción.

Las prendas de vestir también pueden ser un regalo en San Valentín. Sin embargo, la ropa nueva desplaza al desuso a millones de toneladas de tejidos que no siempre se reciclan y acaban como residuos. Tampoco olvidemos que la industria de la moda para ser competitiva produce en países pobres pagando salarios muy bajos. Ya se ha escrito mucho sobre la toxicidad de las prendas sintéticas por el uso del petróleo en su composición y las consiguientes emisiones que generan. Sin embargo, el algodón natural tampoco es tan limpio como se cree. La industria del algodón invierte 2.000 millones de dólares en pesticidas y a ella se destinan el 25% de los agroquímicos mundiales. Cada kilogramo de fibra recolectada requiere 20.000 litros de agua.

Una braguita convencional en su producción requiere 20ml de lejía tóxica y tintes y genera 18kg de CO2. Lo asegura en su cortometraje Verita White.

El cáñamo y el bambú son mucho más sostenibles, pero si te gusta lo de siempre, en el mercado no falta oferta de algodón ecológico y de comercio justo.

Y si no sabes si acertarás, complementos como bolsas de material reciclado y otros detalles de producción local pueden ser la salida, o puedes hacer con tus propias manos un bonito marcador de libros, pintar un vaso y convertirlo en cubilete para lapiceros, formar un rompecabezas muy personal con una fotografía de los dos y enmarcarlo, elaborar bisutería de cosecha propia, posavasos en forma de corazón, lencería comestible a base de frutas deshidratadas unidas con aguja e hilo…Las posibilidades son tan grandes como tu imaginación y tus ganas. ¡A disfrutarlo!

Ecogaia

 

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