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Aprovechar la lección de la debacle en Wall Street

Las fuertes pérdidas en la bolsa de Nueva York dejan patente el fracaso de la obsesión por las ganancias a corto plazo imperante en el actual sistema económico. Olvidar el crecimiento sostenible y valores esenciales como la protección del planeta tienen un coste muy alto para todos.

Sin embargo, esta debacle financiera supone una gran oportunidad, tanto para los hombres de negocios como para los líderes políticos, de aprender y no volver a cometer los mismos errores en el futuro.

Al igual que las hipotecas basura, el cambio climático esconde fuertes riesgos y la industria de las finanzas debería poner una atención más cuidadosa a las consecuencias de su actividad. Los analistas bursátiles, agencias de calificación y bancos tendrían que eliminar de su consideración aquellos activos que tengan un impacto tóxico en el futuro y que a la postre sólo van a resultar pan para hoy y hambre para mañana.

Invertir en compañías que contaminan de manera intensiva se ha convertido en un alto riesgo. La comunidad internacional está estableciendo límites a las emisiones que contribuyen de manera importante al calentamiento global, con lo que las centrales eléctricas a base de carbón, las productoras de arena de alquitrán o las fábricas de coches deportivos, por citar algunas, en breve se convertirán en firmas vulnerables.

Los programas oficiales para el comercio sobre provisión de emisiones tampoco pintan bien a largo plazo y forzar al pago por cada tonelada de CO2 emitida parece la solución más rápida y lógica. Quien contamine, que pague, sin opción a comprar “permisos extra” que sólo retrasarán el mejoramiento medioambiental de sus instalaciones. Para cumplir con Kyoto, sería más coherente proporcionar más ayudas a la eliminación de la tecnología obsoleta y contaminante que regular el mercadeo de dióxido de carbono.

La financiación “sucia” es especialmente problemática en países como China, que según los expertos es la pieza clave para ganar la batalla al calentamiento global.

El apoyo financiero a proyectos con emisiones intensivas de CO2 hará imposible reducir la polución de efecto invernadero hasta esos niveles que los científicos consideran imperativa.

Una reciente medición de Ceres sobre las prácticas de los 40 mayores bancos del mundo, que incluía a algunos de los colapsados este mes, muestra que 14 de ellos sistemáticamente concedían créditos a empresas con negativo impacto medioambiental y sólo 6 de ellos calculaban de forma seria el riesgo del CO2 en sus carteras de valores. Ninguno de ellos tenía una política para evitar invertir en proyectos con altas emisiones.

Sin embargo, también hay señales positivas. Llegaron tras la publicación del informe de esta asociación de inversores, grupos medioambientales y otros protagonistas públicos unidos en su interés por la sostenibilidad. Morgan Stanley, Citi y JPMorgan Chase anunciaron que en el futuro, antes de prestar dinero a proyectos con grandes emisiones los escrutarán mediante nuevos principios de  CO2. Bank of America, Wells Fargo y Credit Suisse también han anunciado que seguirán las mismas prácticas. Es más, Bank of America se ha puesto en cabeza de esta nueva tendencia por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero haciendo público que en su evaluación del préstamo a empresas contaminantes utilizarán un ratio 20-40$ de coste por tonelada de CO2 emitida.

Es algo, pero tampoco dará vuelta a la tortilla del calentamiento global. Con la crisis de Wall Street hemos aprendido que un mercado libre no siempre actúa por el bien de la sociedad. Así que lo que se necesitan son verdaderas políticas que reflejen el brete que supone el cambio climático, junto con el coste medioambiental y social impuesto por la polución de dióxido de carbono. Hasta que esto no se de, tanto en los ámbitos nacionales como internacionales, el dinero seguirá fácilmente fluyendo hacia proyectos especulativos que ignoran las consecuencias a largo plazo. Y ya se ha visto, la avaricia rompe el saco. Toda una lección.

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