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Cómo ser más verdes cada día: consejos para ahorrar energía

Si su deseo es hacer que su vida sea más respetuosa con el medio ambiente pero no sabe por dónde empezar , le ofrecemos unas sencillas medidas que también le ayudarán a reducir los gastos:

  • No dejar los electrodomésticos en posición de espera. El pilotito de la tele y otros aparatos consume entre el 8 y el 10% de la energía consumida en casa ya que llega a utilizar hasta un 25% de la energía necesaria cuando están encendidos. Esas pequeñas luces son responsables de la emisión de 4 millones de toneladas anuales de CO2.
  • Desconectar los adaptadores eléctricos. Ordenadores, modems, televisores, etc. suelen tener adaptadores que siguen consumiendo energía si no se desconectan cuando lo permiten o se desenchufan de la red. Una vivienda con diez de estos adaptadores conectados al año gasta 360KWh de energía, equivalente a lo que utilizaría una bombilla de bajo consumo encendida permanentemente durante dos años.
  • Apagar las luces al salir de la habitación. Si una estancia no está en uso mantenerla iluminada es un derroche de energía y dinero. Apagar la luz cuando se sale de la habitación posiblemente es la manera más fácil para empezar a conservar el medio ambiente. Una bombilla normal consume 60 watios a la hora y simplemente apagándola todos los días durante ese mismo tiempo supondría el ahorro de 22.000 watios al año, lo que equivale a la energía necesaria para ver la tele por la noche durante un mes. Por eso conviene plantearse si interesa tener tantos puntos de luz encendidos en el salón o la cocina. El bolsillo tiene la respuesta.
  • Aprovechar la luz natural. Dejar entrar la luz natural es bueno para la salud y para la economía. Dejando abiertas las cortinas abiertas el máximo tiempo posible evita tener que encender antes las lámparas. Este simple gesto reducirá el gasto en electricidad pero también ayudará a la producción de vitamina D en nuestro organismo y a aliviar los síntomas de la depresión, especialmente en invierno.
  • Utilizar bombillas de bajo consumo. La iluminación doméstica supone entre el 10 y el 15% del consumo eléctrico total. Las bombillas tradicionales gastan un 80% más de energía por el calor que emiten y duran entre 10 y 12 veces menos que las de bajo consumo. Estas, en su ciclo de vida pueden ahorrar hasta 100€ por bombilla. Cuando se estropean hay que reciclarlas en puntos específicos porque también contienen materiales tóxicos.
  • Colocar papel de aluminio detrás de los radiadores. Con este barato sistema se consigue que el calor del radiador se refleje de vuelta a la habitación. Se puede utilizar el papel de aluminio de uso doméstico o el específico para radiadores, aunque no hay gran diferencia en el resultado. Simplemente hay que pegarlo a la pared detrás del radiador con la parte brillante hacia fuera. Es especialmente recomendable en aquellos lugares donde la pared es exterior y la pérdida de calor mayor.
  • Instalar cámaras aislantes en las paredes. Los edificios que no tienen cámara aislante en sus paredes dejan escapar una tercera parte del calor generado en el interior. Optar por materiales ecológicos es lo ideal, pero en todo caso, la inversión en este tipo de aislamiento compensa con creces el gasto que genera su carencia. La instalación habitual es fácil, el relleno se aplica desde el exterior, cuesta unos 500€ para un adosado de tres habitaciones y el coste se amortiza en tres años. Además evita la condensación en el interior y mantiene fresco el interior en verano.
  • Cerrar las entradas de corriente. Acabar con las entradas no deseadas de aire mejorará no sólo la factura de la calefacción sino que hará más confortable el hogar o espacio de trabajo. Si uno no es un manitas, llamar a un profesional para que aisle bien nuestras ventanas o nuestro suelo de madera es siempre una buena opción.
  • Abrigarse más en vez de subir el termostato. Estar en casa en invierno con ropa veraniega y subir la calefacción supone un gasto y un impacto medioambiental innecesarios. Si nos abrigamos un poco más, añadimos otra manta a la cama y reducimos el número de horas que está encendida  la calefacción (dos horas a primera hora y otras dos antes de acostarnos), la rebaja en la factura será considerable.
  • Ducharse en vez de bañarse. Llenar una bañera requiere 80 litros de agua y mucha más energía que una ducha. Reducir el número de baños y aprovechar después el agua para el urinario es otra buena forma de ahorrar dinero.
  • Evitar la ducha eléctrica. Estas duchas de gran flujo tan de moda utilizan más agua de la requerida para llenar un baño durante cinco minutos. Una ducha de estas características emplea tres veces más agua que otra convencional.
  • Evitar el goteo de los grifos. Un grifo que gotea llega a desperdiciar hasta 90 litros de agua a la semana. Sustituir la arandela para evitarlo y colocar un dispositivo de ahorro es fácil y barato.
  • No tirar de la cadena innecesariamente. Cada vez que tiramos de la cadena se pierden entre 9 y 11 litros de agua, a menos que el urinario cuente con un sistema de ahorro o se haya introducido dentro de la cisterna por ejemplo una botella de agua que reduzca la capacidad. Por eso, tirar de la cadena por un pañuelo de papel o cualquier otra menudencia supone un verdadero derroche. Es preferible tener una papelera en el aseo o desalojar la cisterna cuando hay una necesidad sólida. Por la noche especialmente, esta medida evita molestar a los demás y se convierte en un gran ahorro de agua.
  • Utilizar electrodomésticos de eficiencia energética. Buscar el sello de ahorro de electricidad nos garantiza que el uso del electrodoméstico nos ayudará a ahorrar dinero y a cuidar del medio ambiente. Estos aparatos tienen un mecanismo más efectivo que evita el derroche innecesario de energía.
  • Reducir el uso de la secadora. Las secadoras consumen mucha energía por lo que es más conveniente secar la colada en el exterior o en una habitación sin calefacción con la ventana ligeramente abierta. Si se seca sobre los radiadores no se calentará la habitación, se genera humedad y el moho crecerá con facilidad. En caso de utilizar la secadora, se recomienda no meter en ella ropa empapada y separar los diferentes tejidos.
  • Llenar el lavavajillas y la lavadora. Está probado que es más eficiente utilizar el lavavajillas que fregar a mano, pero siempre que el aparato esté lleno y no abusemos de las altas temperaturas. Los modernos aparatos permiten obtener óptimos resultados con programas cortos como el de vasos. Lo mismo puede aplicarse a las lavadoras. Si además utilizamos detergentes ecológicos contribuiremos a reducir la polución de las aguas.
  • Cocinar sano en la olla a presión. El diseño de la olla exprés no permite el escape de aire o líquidos y eleva la temperatura a más de 100º antes de llegar al punto de ebullición, con lo que el proceso de cocinado es más rápido y económico. Además es más higiénico y ayuda a mantener los nutrientes de los alimentos.
  • Hervir únicamente el agua necesaria. Antes de hervir agua para la cafetera, el termo o la infusión conviene medir previamente la cantidad que necesitamos y evitar derrochar energía. Si vamos a utilizar una cazuela, el uso de una tapadera hará que el agua hierva antes y también ahorraremos.
  • Limpiar con productos naturales. Los productos de limpieza tradicionales son tóxicos y acaban por toneladas en nuestros desagües. La  buena noticia es que las baratas alternativas naturales de toda la vida siguen estando ahí. El zumo de limón es un sustituto ideal de la lejía. Puede utilizarse sobre las manchas de la ropa o como limpiador en el baño y la cocina, ya que es un gran desinfectante de todo tipo de superficies, incluidas las tablas para cortar alimentos. El vinagre blanco tiene un nivel de acidez medio como para ser un agente limpiador seguro pero suficientemente poderoso como para acabar con la suciedad. Es ideal para limpiar el acero, las ventanas, los espejos y cualquier superficie de vidrio. Mezclado con aceite de oliva es estupendo para pulir la madera. El bicarbonato de soda es un abrasivo suave, que mezclado con agua es eficaz para limpiar lavabos, baños y urinarios. Una solución más densa nos ayuda a dejar relucientes las zonas de cocinar, incluido el horno. Y mezclado con agua y vinagre sirve para limpiar desagües y para desodorizar naturalmente el aire mediante un spray. Antes de utilizar estos productos conviene adecuar bien las cantidades a nuestras necesidades.
  • Reciclar los residuos domésticos. Cada vez hay más contenedores para reciclar papel, plástico, latas y vidrio. Si no los tenemos a la vuelta de la esquina, es recomendable averiguar cuáles son los más cercanos y cuando tengamos que ir en esa dirección llevar a la vez a depositar nuestros residuos. Cuesta menos de lo que a simple vista parece. Probando a separar los residuos durante una semana, apreciaremos el alto volumen de reciclables que generamos. Los ayuntamientos también suelen disponer de centros de reciclado especial o de vehículos de recogida para aparatos eléctricos, móviles, pilas, aceites usados, trapos, etc. Enterarse es fácil.
  • Utilizar pilas recargables. Y más ecológico aún, hacerse con un recargador de baterías a base de energía solar. Consumimos más de 700 millones de pilas al año en nuestro país y al menos el 5% acaban en la basura con toda su carga tóxica. Las baterías recargables no sólo son más rentables a la larga sino que además evitan toneladas de desechos contaminantes.
  • Reutilizar las bolsas de la compra. Y mejor aún, utilizar bolsas de larga vida que podemos llevar siempre con nosotros en el bolso o en el coche. Las cajas de cartón y los carritos de la compra son otra opción. Y es que las bolsas de plástico son contaminantes, tardan 500 años en degradarse, atascan nuestros sistemas de alcantarillado, ensucian nuestro entorno y hacen gran daño en los fondos marinos y fluviales. Se calcula que cada persona viene a utilizar unas 290 bolsas de plástico al año. Empezar a reducir esta estadística es un buen comienzo para cuidar el medio ambiente.
  • Comprar a granel. Las frutas empaquetadas generan un montón de desechos reciclables y encarecen la compra. Comprar a granel productos de la huerta o bebidas reduce tanto exceso de plástico, cartón y vidrio. Los comercios de la zona suelen facilitar esta labor, a diferencia de las grandes superficies donde abunda el empaquetado contaminante, aunque mantenga un mínimo de garantías sanitarias. Además, acudir a la tienda de la esquina ayuda a mantener viva la economía local.
  • Reducir el papel bancario. Utilizar la banca por Internet y avisar al banco para que no nos envíen extractos en papel o que reduzcan la frecuencia es una buena forma de evitar tanto derroche que se nos acumula en casa, especialmente cuando se trata de la tan abundante publicidad. Contribuiremos al mantenimiento de los bosques y al ahorro de energía que requiere la producción de papel.
  • Apagar el coche cuando no está en movimiento. Cero kilómetros por litro. No suena muy eficiente ni energética ni económicamente hablando, pero es lo que se podría decir cuando mantenemos encendido el motor de nuestro vehículo estando parados más de un minuto. Cuando estamos atascados en medio del tráfico o tenemos que esperar un rato, sería conveniente adoptar el hábito de apagar el motor del coche. Reduciremos emisiones y el número de veces que tenemos que repostar.
  • Viajar eficientemente. Si se viaja en coche, es importante hacerlo en un vehículo bien cuidado, que genere emisiones lo más bajas posibles y evitando el aire acondicionado porque llega a incrementar en un 10% el consumo de combustible. Viajar fuera de las horas punta reduce las emisiones y el uso de combustible, al evitar atascos y constantes paradas y arrancadas. Es aconsejable una velocidad constante de 90km/h en las vías permitidas. Si se comparte el automóvil en vez de conducir cada uno el suyo, se reducen las emisiones de CO2 y el gasto en gasolina. Y mucho más aún si de vez en cuando optamos por el transporte público. Hacerlo a diario es lo ideal y caminar o usar la bicicleta lo más sano para nuestra salud y el medio ambiente.
  • Trabajar desde casa regularmente. Supone un ahorro del 20% en gastos de transporte y mantenimiento del coche, así como en costes energéticos para la empresa. Internet hace posible el trabajo desde casa, que supone un mayor estímulo para el trabajador y por tanto una mejora en la productividad.
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