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El G20 se olvida del medio ambiente

extracto del comunicado del G20

La descomposición del clima, la carestía del petróleo y el agotamiento de los recursos empequeñecen la crisis financiera en términos económicos y humanitarios.

“Nosotros, los líderes del Grupo de los Veinte, utilizaremos cada céntimo que no poseemos para recuperar el capitalismo corporativo de sus contradicciones y devolver a la economía mundial al camino de crecimiento insostenible. Ya hemos gastado billones de dólares de vuestro dinero para sacar de apuros a los bancos y que puedan volver a su verdadera labor de desplumar a los pobres y llevar al naufragio a los sistemas de vida de la Tierra. Ahora vamos a gastar de nuevo más de un billón de dólares.  Como castigo ejemplarizador por su largo récord de promocionar la crisis, les daremos al FMI y al Banco Mundial incluso más de vuestro dinero. Estas acciones constituyen la mayor movilización de recursos para apoyar los flujos financieros globales en tiempos modernos.

Ah, y casi se nos olvida. Debemos hacer algo por el medio ambiente. Todavía no tenemos planes definitivos, pero pensaremos en algo a su debido tiempo”.

La estrategia del G20 para resolver la crisis económica y financiera es minuciosa, innovadora, muy costosa, vasta y ambiciosa. Sus planes para resolver la crisis medioambiental son, sin embargo, breves, vagos y sin coste. Las cláusulas medioambientales – las cuales contradicen casi todo lo que aparece anteriormente- se han aglutinado al final del comunicado como una ocurrencia de última hora. No se ha asignado un presupuesto nuevo. No se han propuesto nuevas ideas; sólo las típicas expresiones de buenas intenciones.

¿Dónde han ido a parar tantas promesas hechas por la mayoría de los gobiernos presentes en las conversaciones sobre colocar al medio ambiente en el centro de la toma de decisiones? Aunque la economía sea meramente una forma de compromiso con el medio ambiente; aunque la mayoría de los líderes sepan que el continuismo de la prosperidad es imposible sin sostenibilidad, el comunicado muestra que el medio ambiente todavía es lo último. No se han escatimado gastos en salvar a los bancos. Se han escatimado todos los gastos para salvar a la biosfera.

Todo esto sugiere que nuestros líderes no han aprendido nada de la crisis financiera. Fue causada por permitir a los agentes poderosos (bancos) explotar los recursos comunes (la economía global) sin verdadera regulación y control. Los gobiernos desplegaron una manera de pensamiento mágico: que el esplendor duraría para siempre, que un puñado de psicópatas depredadores se regularían a sí mismos, que los beneficios, dividendos y los precios de las acciones podrían crecer indefinidamente incluso aunque no mantenían relación con el valor real.

Trataron del mismo modo la crisis medioambiental. La descomposición del clima, la carestía del petróleo y el agotamiento de los recursos empequeñecen la crisis financiera en términos económicos y humanitarios. Pero, lo mismo que han hecho con los bancos, los líderes del G20 parece que han decidido lidiar con un problema sólo cuando tienen que hacerlo – o lo que es lo mismo, cuando es demasiado tarde. Se convencen a sí mismos de que volviendo a poner la economía en el punto en que estaba – crecimiento infinito en un planeta finito- se puede reconciliar de alguna manera la promesa de “poner la atención en la amenaza del irreversible cambio climático”.

La próxima vez que falle esta forma mágica de pensar no habrá oportunidad de saltar en paracaídas.

Fuente: George Monbiot/Ecogaia

Imagen: Ecogaia Creative

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