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Estar delgados para salvar el planeta

Las personas con sobrepeso tienden a comer más que las delgadas y a utilizar más el coche, lo que convierte el exceso de peso corporal en doblemente perjudicial para el medio ambiente, según asegura un estudio del London School of Hygiene & Tropical Medicine.

“Cuando se trata de consumir comida, desplazarse en un cuerpo pesado es como conducir un coche que necesita mucho combustible y la producción de alimentos es una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero (GEI)”, afirman en su trabajo los científicos británicos Phil Edwards e Ian Roberts, quienes resaltan que “cuanto mayor es el peso más incómodo resulta caminar y por tanto aumenta la dependencia del vehículo”.

El estudio también destaca que el aumento de la demanda de carne es responsable del 20% de los GEI, debido a las tóxicas emisiones de metano que generan las vacas.

La investigación se ha publicado en el Internacional Journal of Epidemiology y sus autores consideran que “tenemos que hacer mucho más para dar la vuelta a la tendencia hacia la obesidad, así como reconocer que es un factor clave en la reducción de emisiones de CO2 para ralentizar el cambio climático”.

Estos investigadores calculan que, de media, una persona gruesa es responsable de la emisión anual de una tonelada más de dióxido de carbono que un individuo delgado, lo que suponen mil millones extra de toneladas de CO2 con una población obesa de mil millones de personas.

Por extensión, los países con población delgada contribuyen en menor medida al calentamiento global. Así, naciones como Vietnam donde el consumo de alimentos es un 20% inferior al del mundo occidental, emiten proporcionalmente menos CO2. En el lado opuesto, en Estados Unidos, donde el 40% de la población es obesa, las emisiones se multiplican.

El índice de masa corporal ha ido en aumento en el ámbito global y en la década comprendida entre 1994 y 2004 el peso medio de los habitantes del mundo moderno subió en 3 kilogramos.

La UE estima que cada ciudadano de la unión implica la emisión de 11 toneladas de gases de efecto invernadero. La conclusión es que comer menos es bueno tanto para la salud de nuestro organismo como para la del medio ambiente.

Fuente: Reuters

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