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Por qué Comercio Justo

El Comercio Justo da la capacidad de subsistencia en su propia tierra a las comunidades indígenas rurales que anteriormente sólo podían soñar con la patera hacia un mundo mejor. En tiempo de regalar resulta especialmente importante plantearnos un consumo responsable. Los consumidores tenemos el derecho de adquirir productos que no perjudiquen al medio ambiente y que no conlleven condiciones laborales o comerciales injustas e indignas.

Es aquí precisamente donde entra en juego el Comercio Justo, un sistema comercial fundamentado en la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad en el comercio internacional, cuyo funcionamiento, hasta la fecha, no está basado en parámetros de justicia ni sostenibilidad.

La economía internacional ha consolidado dinámicas de pobreza y exclusión en la mayor parte del hemisferio sur. Y cuando se trata de aprovechar las nuevas oportunidades, los sectores desfavorecidos se hallan en desventaja por sus carencias en formación, garantías económicas, capacitación empresarial,  o contactos que pueden ayudarles a iniciar o ampliar una actividad comercial en la economía formal.

Fundamentos del Comercio Justo

IFAT es la entidad de mayor representatividad del Comercio Justo. Se trata de una red mundial constituida por más de 300 organizaciones de más de 60 países que acredita a Organizaciones de Comercio Justo en base al cumplimiento de los siguientes estándares:

  • Creación de oportunidades para grupos productores desaventajados
  • Transparencia y funcionamiento democrático para beneficiar las necesidades básicas de las comunidades productoras y a los consumidores
  • Relación comercial equitativa y a largo plazo
  • Precio Justo a los productores
  • Lucha contra la explotación laboral infantil
  • Equidad de género
  • Condiciones laborales dignas
  • Construcción de capacidades y asistencia para los grupos productores desaventajados
  • Información y sensibilización sobre Comercio Justo
  • Cuidado del medio ambiente

Con esta filosofía, el Comercio Justo viene a compensar los desajustes sociales provocados por una globalización económica liberal y ha llegado a convertirse en una verdadera alternativa de orden económico y social, capaz de rescatar al comercio de la injusticia y reorientar la estructura y valores de la economía internacional. El comercio demuestra que puede ser un instrumento eficaz para el desarrollo equitativo de todas las personas y los pueblos si se ponen en práctica valores éticos mediante una gestión sostenible que valora justa y dignamente el trabajo humano en todos los continentes del planeta.

El Consenso de São Paulo de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo de junio 2004 y la Resolución del Parlamento Europeo Comercio Justo y Desarrollo de julio 2006, reconocen el valor diferencial del Comercio Justo. El propio Parlamento recomienda a la Comisión Europea “ayuda para el comercio” y a los Estados miembro el apoyo a las realidades y organizaciones de Comercio Justo. La labor del Comercio Justo fue reconocida expresamente: “Mientras los acuerdos internacionales fracasan en el intento de beneficiar a los países empobrecidos, el sistema del Comercio Justo ha demostrado ser eficaz en la reducción de la pobreza y en el desarrollo sostenible, y cree que puede a largo plazo permitir a los países en vías de desarrollo participar plenamente en el sistema comercial multilateral”

Desde la perspectiva de las pequeñas Organizaciones, el Comercio Justo es un comercio de liberación ya que facilita estructuras productivas y organizativas donde priman las condiciones laborables, medioambientales y sociales favorables, lo que permite a millones de pequeños productores vivir y trabajar dignamente, impulsando su capacidad de autogestión para el beneficio comunitario.

Historia

En 1964, comienza el sistema de Comercio Justo (Fair Trade), con la conferencia de la UNCTAD: Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Allí, algunos grupos plantearon sustituir la ayuda económica hacia los países pobres por un régimen de apertura comercial de los mercados de alto poder adquisitivo. Unos pocos grupos de los países desarrollados promovieron la creación de tiendas "UNCTAD" que comercializarían productos del llamado Tercer Mundo en Europa, evitando las barreras arancelarias de entrada. A partir de ese momento, se inició una cadena de Tiendas Solidarias en Holanda y más adelante en Alemania, Suiza, Austria, Francia, Suecia, Gran Bretaña y Bélgica.

En 1967, la organización católica SOS Wereldhandel de los Países Bajos comenzó a importar productos artesanales desde países subdesarrollados mediante un sistema de ventas por catálogo. La formación de la red de Tiendas Solidarias le otorgó a SOS Wereldhandel un canal de comercialización estable. Las tiendas Solidarias gozaron de éxito de ventas y las sucursales se transformaron en organizaciones autónomas importando productos de manera directa.

En 1973, entró en este sistema de comercio el primer producto alimentario importante: el café FT, producido por cooperativas guatemaltecas bajo la marca común "Indio Solidarity Coffee". El café FT constituye un hito importante, dando un gran impulso al crecimiento del sistema.

En los años 1980, las transacciones y su frecuencia permitió que muchos productores encarasen la mejora de la calidad y el diseño de productos, apoyados por una red que les permitía ingresar en los mercados más importantes. La lista de productos involucrados creció con la incorporación de mezclas de café, té, miel, azúcar, cacao, nueces. Las artesanías crecieron en cantidad y calidad, con técnicas de marketing.

En 2006, hay organizaciones de Comercio Justo en Europa, Canadá, Estados Unidos, Japón; con ventas en más de 3.000 tiendas solidarias, por catálogos, por representantes, por grupos. También es considerable la participación en la red de las diferentes organizaciones religiosas. La aparición de los Sellos identificativos dio un gran impulso al sistema. La primera marca de calidad Comercio Justo nació en Holanda en 1988. A partir de ahí surgieron varias iniciativas de "Etiquetado Justo". En 1997, varias de ellas se organizaron formando la Fairtrade Labelling Organizations International (FLO – Organización Internacional de Etiquetado Justo). El miembro español de la FLO es la Asociación del Sello de Productos de Comercio Justo.

Las empresas que ostentan las certificaciones de Latin American Quality Institute en todo el planeta son consideradas "Organizaciones de Comercio Justo".

Sello de Comercio Justo

La Asociación del Sello de Productos de Comercio Justo (ASPCJ) es el miembro español de Fairtrade Labelling Organizations International (FLO). Reúne a 21 organizaciones de Comercio Justo certificado en Europa, Japón, América del norte y Oceanía. El Sello de Comercio Justo (o Sello FAIRTRADE) es el sinónimo de Fairtrade Mark en inglés.

La ASPCJ fue creada en 2005 con el objetivo de “promocionar la certificación de productos de Comercio Justo y su consumo y contribuir así a ampliar el impacto de este comercio alternativo”. El objetivo final es el desarrollo de los productores del Sur que participen en el sistema de Comercio Justo FAIRTRADE.

En España, de momento cuatro productos pueden llevar el Sello de Comercio Justo: el café, el azúcar, el cacao y el té. Estos cuatro productos están comercializados por 21 organizaciones españolas licenciatarias del Sello. Además, gracias a las ventas por correspondencia, los consumidores españoles tienen acceso a otros productos con el Sello FAIRTRADE, como aquellos a base de algodón certificado. Las ventas a nivel mundial de productos con el Sello de Comercio Justo no han dejado de aumentar: En 2005, las ventas globales de productos con el Sello FAIRTRADE ascendieron a 1.100 millones tras crecer un 37 % respecto a 2004. En octubre de 2006 había 586 organizaciones y productores repartidos en 58 países del Sur que se ven beneficiados de la certificación FAIRTRADE. El sistema FLO, que deja a los productores libertad de elegir la inversión que quieren emprender con el sobreprecio del Comercio Justo, contribuye directamente al desarrollo de las poblaciones productoras del Sur.

La Economía Alternativa y Solidaria

La Economía Alternativa y Solidaria no es un sector de la economía sino un acercamiento transversal a ella. Se da en casi todos los sectores de la economía, si bien donde tiene mayor incidencia es en las finanzas solidarias, Comercio Justo, iniciativas de reinserción laboral para personas en riesgo de exclusión, agricultura ecológica, producción asociada, transporte ecológico, desarrollo rural, gestión participativa en el hábitat urbano, diálogos interculturales, educación, servicios de proximidad, iniciativas de mujeres, comunicación alternativa, tecnología democratizada, recuperación y reciclaje, sistemas de trueques solidarios, autogestión de producción y consumo y por supuesto el consumo responsable.

La Economía Solidaria coloca a la persona - individual y social - en el centro de la economía, como protagonista y beneficiaria de la misma. Esto obliga a repensar la verdadera dimensión de conceptos como “riqueza” o “bienestar social” y también nos impulsa al estudio de las posibilidades de modelos sociales y económicos innovadores más equilibrados y transparentes, capaces de generar bienestar social e individual para todas las personas y en todos los continentes, desde el productor hasta el consumidor final. La Economía Alternativa y Solidaria es un modelo de economía de proximidad, que tiene su eje en lo comunitario y local, como marco para un desarrollo global sostenible a partir de la participación y toma de poder por parte de la sociedad civil.

Las organizaciones y redes de Economía Alternativa y Solidaria están activamente ocupadas en la globalización de la solidaridad a través de la cooperación y el intercambio de buenas prácticas basadas en valores compartidos. Su propósito es beneficiar al ciudadano responsable que quiere mantener el control sobre las formas de producción y ejerce libremente la manera de intercambiar, comerciar, consumir, invertir o ahorrar con principios éticos.

Del mismo modo, la Economía Alternativa y Solidaria busca despertar la conciencia de la ciudadanía y reconoce su valor como agente de desarrollo o bien como cómplice de la estructura de injusticia globalizada.

La Economía Solidaria también afronta el desafío de proteger especialmente el equilibrio entre la actividad económico-social y su dimensión medioambiental. El medio ambiente y las personas no son “recursos” sino valores supremos en sí mismos. Tiene especial importancia el respeto a la diversidad de las personas en su dimensión cultural, de raza, de religión o género. Esto es, la diversidad como valor y no como obstáculo en el proceso globalizador.

La Economía Solidaria se enfrenta al desafío de desarrollar un mercado en red paralelo, mercado social o solidario, favoreciendo sinergias entre distintas realidades de producción autogestionada como las finanzas éticas y solidarias, el Comercio Justo y el consumo responsable. La progresiva integración de iniciativas de Economía Alternativa y Solidaria en la agenda política y social permitirá al movimiento articularse mejor y reforzar la influencia de sus redes internacionales.

En España, la organización IDEAS es la coordinadora estatal de los programas europeos Fair Procura/Compra Pública Ética (CPE) y Compra Empresarial Responsable (CER), cuyo objetivo es asesorar a las administraciones públicas y al sector empresarial sobre la integración de criterios éticos y ecológicos en sus compras y contrataciones, facilitando así su participación como agentes de desarrollo.

Otras ONG destacadas del sector son Aldea Global, Ayuda en Acción, Copade, Proyde, Romero, Solidaridad Internacional, Solidaridad Internacional Galicia y Trèvol.

Consumidores y desarrollo

Desde la óptica de los consumidores, el Comercio Justo ofrece una vía de cooperación al alcance de todos: ciudadanos, instituciones públicas y organizaciones. Todos pueden convertirse en agentes de desarrollo al elegir consumir productos con garantía de justicia social, solidaridad y ecología. Del mismo modo, la compra de productos de Comercio Justo ofrece una alternativa sostenible a  empresas y administraciones, permitiendo mejorar su ética institucional participando como agentes de cooperación internacional.cafe_cj.jpg

En definitiva, el Comercio Justo permite a los ciudadanos (trabajador, gestor, consumidor) de cualquier parte del mundo y a las políticas públicas opciones útiles para actuar responsablemente a favor de una economía más democrática y favorecer así el desarrollo de una globalización que defienda con justicia y solidaridad a las personas y comunidades ahora empobrecidas o en desventaja, una globalización, en definitiva, más sostenible y equitativa.

Adquirir productos de Comercio Justo es por tanto la alternativa a la economía de mercado que sobre-explota los recursos naturales, fomenta las desigualdades sociales - en especial para las mujeres - la exclusión social y económica, el desempleo y la precariedad laboral.

No cabe duda de que nuestras pautas de consumo son la clave, bien para reforzar modelos económicos injustos o bien para reforzar el desarrollo de nuevos modelos de economía alternativa y solidaria. Mediante un acto tan sencillo como la compra y el consumo de bienes y servicios podemos apoyar, día a día, a las organizaciones que queremos favorecer por su contribución al desarrollo o penalizar a aquellas otras que no gestionan sus productos y servicios con criterios éticos y sostenibles.

Para ello, los consumidores podemos preguntarnos: ¿de verdad necesito este producto?, ¿quién ha producido estos productos?, ¿en qué lugares y circunstancias se han producido?, ¿la producción ha sido respetuosa con el medio ambiente?, ¿y con la salud de los productores?, ¿se han respetado los derechos sindicales?, ¿estamos seguros de que no hay explotación infantil en la producción?, ¿ha habido discriminación de trabajadores por razones étnicas o culturales?, ¿ha habido discriminación hacia la mujer?, ¿los trabajadores y trabajadoras han recibido un salario digno?, ¿sabemos cuántos intermediarios hay?, ¿este producto es seguro para el consumidor?, ¿está sobre-envasado o lleva el mínimo envase necesario?, ¿conocemos los costes reales de producción?, ¿sabemos cómo se reparten los beneficios empresariales?, ¿qué cualidades tiene el producto?, ¿su calidad ética?.

Afortunadamente, cada vez existen mayores opciones de consumo de productos y servicios de gran valor ecológico y social. Algo que siempre es de ayuda, especialmente si estamos en tiempo de regalar.

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