
La Corporación Financiera Internacional (IFC), institución afiliada al Grupo del Banco Mundial que se ocupa del sector privado, ha decidido detener todas sus inversiones en aceite de palma, cuya expansión a gran escala produce deforestación y abusos sobre los derechos humanos en países como Indonesia, Malasia o Colombia. Los principales destinos del aceite de palma son la industria cosmética, la alimentaria y, cada vez en mayor medida, la producción de combustibles.
Esta decisión es resultado de la presión de organizaciones sociales frente al órgano de vigilancia del IFC sobre las actividades de una de las principales empresas de aceite de palma, Wilmar, que incluyen talas y quemas ilegales, el desplazamiento de comunidades locales en Indonesia por parte del grupo industrial, el desastre del avance de estos monocultivos en Malasia o la grave situación creada sobre los derechos humanos.
El aceite de palma es importante tanto para la industria alimentaria como para la cosmética. Pero uno de los grandes motores que ha generado su expansión a gran escala es la demanda de combustibles de origen vegetal (agrocombustibles o biocombustibles) en los países del Norte. Los objetivos obligatorios de EE.UU. y la UE para la introducción de agrocombustibles están detrás de esta última expansión y de la catástrofe ambiental y social que lleva asociada.
“La demanda europea de materias primas como el aceite de palma para la producción de agrocombustibles es en gran parte responsable de la situación en el Sur. Aprovechando esta semana de la movilidad, debemos plantearnos soluciones reales a los impactos generados por nuestro sistema de transporte, que pasen por reducir nuestro consumo de combustibles y no por ceder ante falsas soluciones como los agrocombustibles” afirmó David Sánchez, de Amigos de la Tierra España.
Fuente: Amigos de la Tierra
Imagen: Global Trade





